Nunca estudié Economía

No sé nada de economía pero leyendo aquí y allá, y utilizando esa pequeña herramienta que todos tenemos llamada “reflexionar” he conseguido aislar varios conceptos. El sistema económico que nos rige es altamente perjudicial para la salud de los ciudadanos, permite fraudes a mansalva, paseos kilométricos de capitales a lo largo y ancho de este mundo provocando, cual tifones, miseria allá por donde pasan, alianzas malsanas, subidas y bajadas de acciones convenientemente manipuladas, mercantilización de derechos básicos como son la alimentación, la sanidad y la vivienda. El 90% de las empresas de este país y del resto del mundo utilizan la contabilidad, el mejor truco de magia que he conocido, para maquillar sus resultados, la mayoría para defraudar, otros para sobrevivir. Nos han enseñado que el dinero nunca duerme, que nuestros ahorros deben rendir, cuanto más mejor, nos han inseminado la semilla de la codicia y de la avaricia. Los bancos del siglo XXI han superado con creces la miseria moral de sus antepasados los usureros y se han lanzado sin paracaídas a actividades especulativas suicidas. Nos han engañado diciendo que el progreso y el bienestar solo pueden conseguirse a base de créditos y deudas, y que la productividad y el consumo son la panacea mundial.

Y ahora que estamos todos atrapados en esta gigantesca tela de araña y que nuestras vidas se están convirtiendo en un infierno, encima, nos quieren dar lecciones de economía. Día tras día tenemos que escuchar, como un mantra, a estos genios de las finanzas que hace tiempo vendieron su alma al becerro de oro y que andan repartidos en instituciones públicas y privadas, dándonos explicaciones de alto nivel para justificar un sistema económico vergonzoso. Hemos confundido éxito con despilfarro y corrupción, hemos admirado a los grandes depredadores, hemos envidiado a los más insolidarios y cuando la estúpida venda que teníamos en los ojos ha caído de repente nos vemos enfrentados a una terrible realidad, estamos en manos de unos egoístas insaciables que no sólo nos toman por tontos, sino que pretenden seguir con el mismo juego ahora y siempre. Y mientras tanto en los grandes medios de comunicación de masas, ya sean televisión o radio donde sólo se critica tibiamente esta economía de pirañas, pasamos a la publicidad donde bancos y empresas nos recuerdan que nos tienen pillados por donde más nos duele y que sólo somos marionetas. La globalización es el término perfecto para insistir en que nada se puede cambiar porque todo está relacionado de forma compleja. Propongo cortar amarras de forma sencilla.

¿Hay solución? Quizá, siempre y cuando cambiemos la dirección de nuestra mirada, recuperemos el concepto de solidaridad, perdamos el miedo a reivindicar lo que nos pertenece y busquemos un nuevo modelo a seguir. ¿Difícil? Mucho. Los intereses de unos pocos se removerán como siempre cual hidra de siete cabezas. Han creado miles de leyes para protegerse y muchos instrumentos para comprar voluntades. En cualquier caso, nosotros ya no estamos en venta porque hemos comprendido, al fin, que lo que tiene verdadero valor está más allá del concepto de economía ramplona que nos han estado vendiendo durante siglos.

Nathalie García
EQUO Madrid Ciudad Este

 

Un comentario

  1. Muy bueno pero el pueblo esta dormido.

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